Ihsane Jarfi

Ihsane Jarfi
Ihsane Jarfi

Descripción del episodio

El caso de Ihsane Jarfi analiza el secuestro y asesinato de un joven en Lieja, un crimen que se convertiría en un precedente histórico al ser reconocido legalmente como un asesinato por odio homófobo. El episodio recorre la vida de Ihsane antes del crimen, los acontecimientos de la noche de su desaparición, el hallazgo de su cuerpo y la investigación que reveló una violencia extrema motivada por el odio. Un caso que transformó el debate público, la práctica judicial y la lucha de un padre contra la intolerancia y el silencio.



El asesinato de Ihsane Jarfi: crimen de odio que cambió la justicia belga

Quién era Ihsane Jarfi

Ihsane Jarfi nació en 1979 en Bélgica, en el seno de una familia de origen marroquí establecida desde hacía años en la región de Lieja. Era el hijo mayor y creció en un hogar donde la religión, el trabajo y la cohesión familiar ocupaban un lugar central. Sus padres llevaban una vida marcada por normas claras sobre responsabilidad, respeto y deber hacia la familia.

Ihsane fue descrito por su entorno como una persona tranquila, educada y adaptable. Tenía facilidad para relacionarse, era social y apreciado, aunque no buscaba protagonismo. Mantenía una relación cercana con sus hermanos y seguía participando en la vida familiar, aunque existía una tensión no resuelta con su padre debido a su orientación sexual.

Fuera del ámbito familiar, Ihsane vivía abiertamente como hombre homosexual. Formaba parte de la escena gay de Lieja, tenía amigos, salía a bares y clubes y llevaba una vida social activa donde podía ser él mismo. Trabajaba en el sector servicios y comercio, se mantenía económicamente y vivía de forma independiente en la ciudad.

Tras su muerte, su padre, Hassan Jarfi, hablaría públicamente de su arrepentimiento por no haber sabido aceptar plenamente a su hijo en vida. Esa reflexión marcaría profundamente lo que vendría después.

La noche del 22 de abril de 2012

El domingo 22 de abril de 2012, Ihsane Jarfi se encontraba en el centro de Lieja. Durante la noche visitó el Open Bar, un conocido bar gay situado en la zona de Rue Saint-Paul. Testigos lo describieron como tranquilo, sociable y sin conflictos. Estaba solo, pero interactuaba con naturalidad con otras personas del local.

Poco antes del cierre, Ihsane salió del bar. En el exterior se encontraba un grupo de jóvenes dentro de un coche, un Volkswagen Polo oscuro. Se produjo una breve conversación y, sin señales visibles de coacción o violencia, Ihsane subió al vehículo de forma voluntaria.

Las cámaras de vigilancia registraron la escena. No se observó ningún forcejeo ni situación anómala. Ese fue el último momento en que Ihsane Jarfi fue visto con vida con certeza.

Desaparición y búsqueda

Durante la noche y la mañana siguiente, Ihsane no regresó a casa ni respondió a llamadas. Su familia, alarmada por algo completamente inusual en él, denunció su desaparición. La policía inició una investigación centrada rápidamente en el último lugar donde fue visto y en el vehículo al que subió.

A través de imágenes de cámaras, testimonios y análisis de datos móviles, los investigadores identificaron el coche y a los cuatro hombres que viajaban en él. Paralelamente, se iniciaron búsquedas en zonas rurales y carreteras fuera de la ciudad.

Los días pasaron sin resultados. Para la familia, la espera se volvió insoportable. Su padre describiría después ese período como una sucesión interminable de horas sin respuestas, aferrado aún a la esperanza de que su hijo apareciera con vida.

El hallazgo del cuerpo

El 1 de mayo de 2012, más de una semana después de la desaparición, el cuerpo de Ihsane Jarfi fue encontrado en un campo en Villers-le-Temple, en el municipio de Nandrin, al suroeste de Lieja. Era una zona rural, apartada, a la que no se llega por casualidad.

El cuerpo presentaba signos evidentes de violencia extrema. Estaba parcialmente desnudo, con el rostro hinchado y el cuerpo cubierto de heridas. Los servicios de emergencia confirmaron rápidamente que estaba muerto.

El lugar no mostraba señales de que la agresión hubiera ocurrido allí. No había indicios de lucha, ni rastros que sugirieran una violencia prolongada en el sitio. Todo apuntaba a que el cuerpo había sido abandonado tras el ataque.

Resultados forenses

La autopsia reveló un nivel de violencia excepcional. Ihsane había sufrido múltiples fracturas de costillas, lesiones internas graves y golpes contundentes en la cabeza y el torso. Las heridas estaban distribuidas por todo el cuerpo, lo que indicaba una agresión repetida y prolongada.

No se encontraron heridas de arma blanca ni de bala. La violencia fue ejercida con manos, pies y posiblemente objetos contundentes. El informe forense concluyó que Ihsane no murió de inmediato: sobrevivió durante horas tras la agresión, consciente durante parte del ataque.

La causa de la muerte fue una combinación de hemorragias internas, fallo orgánico y traumatismos derivados de la brutal paliza.

La investigación y el móvil

La policía reconstruyó los movimientos del coche durante la noche. Los datos de telefonía móvil, las cámaras de tráfico y los interrogatorios demostraron que el vehículo se desplazó por varias localidades, deteniéndose en distintos puntos.

Las declaraciones de los ocupantes eran contradictorias. Cambiaban versiones, se culpaban mutuamente y trataban de minimizar su propia participación. Sin embargo, las pruebas técnicas y forenses confirmaron que la violencia se produjo dentro del coche y en los lugares donde este se detuvo.

Durante la investigación emergió un patrón claro de comentarios homófobos, burlas y agresiones verbales relacionadas con la orientación sexual de Ihsane. Este elemento se convirtió en central: el crimen no fue aleatorio, sino motivado por el odio.

Los responsables y el juicio

Los cuatro hombres fueron identificados como Mutlu Kizilaslan, Jérémy Wintgens, Eric Parmentier y Jonathan Lekeu. Todos fueron arrestados y acusados de asesinato con agravantes, incluido el motivo de crimen de odio.

El juicio comenzó en 2014 en el Tribunal de lo Penal de Lieja. La fiscalía presentó el caso como una responsabilidad compartida: una cadena de decisiones, agresiones y omisiones que condujeron a la muerte de Ihsane Jarfi.

La defensa intentó fragmentar los hechos y aislar responsabilidades, pero el tribunal consideró probado que la violencia fue conjunta, prolongada y marcada por humillación.

Las condenas

El tribunal dictó sentencia:

  • Mutlu Kizilaslan: cadena perpetua

  • Jérémy Wintgens: cadena perpetua

  • Eric Parmentier: cadena perpetua

  • Jonathan Lekeu: 30 años de prisión

El asesinato fue reconocido oficialmente como un crimen de odio homófobo, el primero de este tipo en la historia judicial de Bélgica.

El legado de Ihsane Jarfi

Tras el juicio, el caso trascendió lo penal. Hassan Jarfi fundó la Fundación Ihsane Jarfi, dedicada a combatir la homofobia, el racismo y la violencia. Se convirtió en una voz activa en escuelas, instituciones y debates públicos, transformando su dolor en activismo.

Ihsane Jarfi pasó de ser una víctima a convertirse en un símbolo. Su nombre quedó ligado a un cambio en la forma en que Bélgica reconoce y juzga los crímenes de odio.

Pero antes de todo eso, fue simplemente un hijo, un hermano y un amigo. Y esa es la parte de la historia que nunca debe olvidarse.


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